lunes, 21 de junio de 2010

¿Y PARA QUE SIRVEN LAS AUTONOMIAS?

Esta pregunta tan directa, me la espetaba el otro día un insigne empresario en sede madrileña, agobiado por la dureza de la crisis económica, deseoso de encontrar respuestas rápidas de los poderes públicos. Podría haberle contestado que, tal vez debería hacerse otras preguntas, el porqué de esta crisis, sus orígenes, sus causas, y puestos a cuestionar la existencia de alguna institución política, quizás la pregunta más correcta sería decir ¿para que sirven los Estados? pues una de las primeras enseñanzas de esta crisis es, la incapacidad de los Estados para dar respuestas nacionales a la situación. Ante mercados financieros globales con libre circulación de capitales y mercancías, se necesitan respuestas globales, se necesita, gobernanza global capaz de producir regulaciones globales, pues como ha dicho el premio Nobel de economía Joseph E. Stiglitz “Los mercados sin trabas no son eficientes ni estables”.
Pero no era ese el debate, por interesante que parezca, que lo es, lo que me inquietó de la pregunta. Es la simplificación de la realidad que esconde, y ya sabemos que en la vida social, las simplificaciones suelen tener consecuencias nefastas. En todos los momentos de crisis aparecen los iluminados y los interesados, que esgrimen fórmulas mágicas para resolver los problemas. Si hay paro y aumenta la delincuencia, los culpables son los inmigrantes, si hay tensiones políticas entre una comunidad y el estado el responsable es el otro, sin matices, lo cual es muy cómodo para ocultar la respectiva responsabilidad. El problema es, que la simplificación de las soluciones suele conducir a derivas autoritarias y populistas y el resultado de estas, a catástrofes sociales. El siglo XX nos ha enseñado bastante de todo esto.
No obstante, es cierto que, la crisis está haciendo aflorar de nuevo una vieja corriente del pensamiento español que considera que, la existencia de las Comunidades Autónomas es un error. Es la misma corriente de pensamiento que pensó que la reivindicación de autonomía de Andalucía era una invención, y la misma que considera que las demandas de reformas estatutarias se deben a la voracidad de las reivindicaciones nacionalistas. No están dispuestos a mirar a España como es, sino como a ellos les gustaría que fuese. Hablan de España como el Estado más antiguo de Europa, pero ocultan que, su aparición como tal se realizó, bajo una formula política que hoy llamaríamos confederal. Que esta fórmula se suprimió por la fuerza, y que desde entonces, en todos los periodos de libertad que hemos tenido en España la cuestión territorial ha estado en el centro de la vida política
¿Para que sirven las autonomías? Pues para resolver o encauzar uno de los problemas seculares de España. El Estado autonómico es la solución política, abierta por la Constitución española de 1978. Y hemos de añadir, tras más de treinta años de funcionamiento, que lo viene realizando con relativo éxito. ¿Con tensiones? Si, pero estas son consustanciales a los estados compuestos y a la vida política. Lo importante es, que esas tensiones son encauzadas a través de procedimientos políticos democráticos. Ha encauzado el fuerte sentimiento nacional existente en partes del territorio español, ha posibilitado a comunidades históricamente excluidas, la posibilidad de disponer de un poder político propio desde el que organizar su desarrollo, ha acercado la solución de los problemas de la gente, a la gente misma. ¿Alguien duda que en Andalucía tendríamos, sin autonomía, el sistema de comunicaciones, el sanitario, el educativo que tenemos? Basta mirar la experiencia del estado centralista para comprobarlo. La España autonómica con sus tensiones, sus complejidades es más justa y cohesionada socialmente que la España centralista.
Dicho esto, no todo es de color, hay zonas grises, que hay que abordar. Las Comunidades autónomas también tienen responsabilidades y también han cometido excesos. La austeridad, la eficiencia y su obligación con la reducción del déficit público es una exigencia del buen gobierno. Tienen que adelgazar, suprimir las adherencias innecesarias que han acumulado a lo largo de su desarrollo y distinguir lo necesario de lo prescindible.
La crisis económica que estamos sufriendo es una buena oportunidad para ver el correcto funcionamiento del Estado autonómico y las actuaciones de cada actor político o institucional nos permitirán evaluar su responsabilidad, pero esto no nos debe llevar a incurrir en el error que hace más de un siglo denunciara el sabio de Baltimore H.L. Mencken: “Para cada problema complejo, existe una solución sencilla y está equivocada”.

martes, 8 de junio de 2010

NECESITAMOS UNA GRAN CAJA

Escribe Alan Ware que los sistemas de partidos políticos son arenas para la cooperación y para la competición y que ambas realidades son inseparables para el correcto funcionamiento del sistema político. Hay asuntos (la mayoría) en los que los partidos compiten duramente por ganar el favor de los electores (que no olvidemos es su objetivo fundamental, por eso todos sus actos son electoralistas) y otros (los menos) en los que es necesario cooperar para conseguir objetivos comunes para la comunidad política en la que desarrollan su actividad y a la que representan.
La gravedad de la crisis económica que estamos padeciendo, que tiene angustiados a millones de españoles, está poniendo a prueba a los partidos españoles (y a los andaluces) y mi impresión es que no están dando la talla y de ahí, los elevados índices de desafección política que muestran las encuestas (la última la del domingo en este diario), expresados por el nivel más bajo de credibilidad de dirigentes y partidos. Desde el comienzo de la crisis han sido incapaces de articular un mínimo de acuerdos que diese confianza y esperanza a los ciudadanos y a ese abstracto, que llamamos mercados. Sin embargo, en la última reunión entre Zapatero y Rajoy se produjo un acuerdo concreto, sobre la reforma de la Ley de Cajas de Ahorros, que junto a la finalización del plazo para poder acudir a las ayudas del FROB y la presión del Banco de España ha acelerado el movimiento de las cajas de ahorros hacia la concentración, bien mediante fusiones o absorciones, bien mediante alianzas estratégicas como los famosas SIP.
Las Cajas andaluzas están participando en este proceso con resultado desigual. Mientras Caja Sol avanza hacia la absorción de Caja Guadalajara, operación más de imagen que de importancia, Caja Granada acuerda participar en un SIP con Caja Murcia, Caja del Penedés y Sa Nostra. Unicaja absorbe a Caja de Jaén y fracasa en su intento de fusión con Caja Sur, y con este fracaso, si se llegase a consolidar, la posibilidad de seguir avanzando hacía la articulación de una potente entidad financiera de raíz andaluza. El problema está en el fracaso de esta fusión, no como se ha querido trasladar, en el hecho de que Caja Granada haya optado por acudir a una alianza con cajas de fuera de la Comunidad Autónoma. Pienso que a estas alturas, era la única opción aceptable social y políticamente en Granada, por cierto, con acuerdo de las fuerzas políticas y sociales. Acuerdo en España, acuerdo en las provincias, ¿Por qué no hay acuerdo en Andalucía? ¿Por qué avanzan las fusiones con entidades de fuera de la comunidad y fracasa todo intento de acuerdo dentro de la misma? ¿Tiene que ver con el debilitamiento de la idea de Andalucía? Buenas preguntas para los líderes políticos de nuestra tierra. Es, por tanto, comprensible que en los ambientes políticos y económicos andaluces el desenlace que se avecina produzca insatisfacción y una cierta sensación de que estamos perdiendo una buena oportunidad. Pero antes de enfrascarnos en la atribución de responsabilidades y culpas, sería bueno analizar de qué polvos vienen estos lodos.
Hace ya, más de diez años que Manuel Chaves planteo en el Parlamento de Andalucía, el objetivo de conseguir, lo que llamó la Caja única andaluza, mediante un proceso de fusión y/o absorción de todas las existentes.
Pensaba entonces y sigo pensando ahora, que acababa de poner encima de la mesa el proyecto de mayor trascendencia política y económica de Andalucía desde la consecución de la autonomía y que solo sería posible llevarlo a cabo, mediante un amplio acuerdo político y social. Las Cajas de Ahorros son entidades con más de 100 años de existencia que articulan territorios locales y provinciales y que nuclean a las élites económicas, mediáticas, culturales y políticas, de sus territorios de influencia. Conseguir la renuncia a la influencia de estas élites, sólo será posible si al proyecto lo respaldaba un sólido acuerdo político, seguido de un acuerdo de sindicatos y empresarios, y una amplia dosis de pedagogía política, en el que se probase que esa opción era mejor para todos, que la atomización en la que estaba estructurado el sistema de cajas andaluzas. Es decir, Andalucía era más para sus partes que sus partes solas.
Ese acuerdo no se consiguió. Las causas, en el PSOE pensaron que su mayoría política era suficiente para sacarlo adelante y en el PP no quisieron, o pensaron que habían encontrado un nuevo escenario para la confrontación con el Gobierno de la Junta y del PSOE-A. Las élites locales, estimuladas por la división, se pusieron a conspirar para consolidar sus posiciones. Lo que vino después, es conocido. Sevilla, no podía aceptar que Málaga con Unicaja al frente, liderara el proceso y se puso a propiciar la fusión de El Monte y San Fernando, que era la peor de las posibles En este proceso, lucha sin cuartel, espionajes falsos, miserias políticas (algún presidente de caja de entonces, asesora hoy al PP andaluz), el PSOE-A apoya la fusión, pensando que favorecía su objetivo cuando era evidente que lo hacía más difícil. En Córdoba, con la Iglesia controlando Caja Sur y apoyándose en el Gobierno del PP en Madrid (Aznar, Rato, Arenas) idean una estrategia para salir del control financiero que la ley obligaba a realizar a la Junta de Andalucía, dejando campar a sus anchas a D. Miguel Castillejo y colocando de Director General a un prohombre del PP cordobés. Ahí se gestó la quiebra actual, así que un poco más de responsabilidad y mesura a los dirigentes populares le es exigible hoy. Granada con su percepción permanente de pérdida de relevancia, desde la llegada de la autonomía, percepción que puede ser injustificada, pero que allí, está universalmente extendida, decide blindar la autonomía de Caja Granada con el conocido Pacto del Saray (acuerdo que suscriben partidos políticos, organizaciones sindicales y empresariales). El pacto que hubiese sido necesario a nivel andaluz para sacar adelante el proyecto de Caja única, se consigue en la periferia para hacerlo imposible.
El proyecto de caja única, claramente inviable a estas alturas, se sustituye por el de las dos torres, si el interlocutor es sevillano, o en el de tres, si es granadino. La caja única da paso a la gran caja. Y estábamos en esto y llegó la crisis y con ella la necesidad de reestructurar el sector financiero, para dotarlo de un mayor tamaño y mejorar sus ratios de solvencia, con el Banco de España apretando. Ya no es el proyecto político de un Gobierno, es una exigencia de la situación y Andalucía debe decidir si coge la oportunidad de aprovechar el momento para conseguir una gran caja andaluza que se coloque en el nuevo mapa financiero de Cajas de Ahorros entre las primeras de España o deja pasar la ocasión.
El proyecto de fusión Unicaja, Caja Jaén y Caja Sur lo hace posible, dejando a Sevilla y Granada seguir sus caminos, pues ya no son imprescindibles. Pero de nuevo, la actitud impresentable, ética y económicamente de la Iglesia cordobesa (¿con complicidades? Esperemos unos días y lo veremos), vuelve a frustrar la oportunidad.
Ya queda poco tiempo, pero todavía es posible. Hay soluciones, pero para ello hace falta que el PP deje de hacer la guerra de guerrillas, convirtiendo las Cajas de Ahorros en una arena más de competición política y que el PSOE-A entienda que el tener mayoría política no es suficiente para realizar determinados proyectos de gran envergadura política y social. Hace falta que pacten. Pactar es transaccionar, compartir. Hace falta que entiendan que hay asuntos en los que el interés general de Andalucía requiere de su cooperación e impulsen un amplio acuerdo para que de este proceso, Andalucía salga con, al menos, una entidad financiera que se sitúe entre las primeras de España y que se comprometa con el desarrollo económico de Andalucía. El tejido productivo andaluz necesita de esa entidad, gobierne el PSOE o gobierne el PP.